Lo que está ocurriendo en el Estado español en torno al derecho a la vivienda es, quizás, el punto más avanzado del conflicto que el capital y la burguesía están imponiendo a los sectores populares y a los trabajadores.

La austeridad impuesta por las políticas belicistas de la Unión Europea está provocando una crisis sin precedentes en muchos países: despidos masivos, congelación salarial, subidas del precio del combustible, la electricidad y el gas, la imposibilidad de que las masas populares y las familias trabajadoras puedan hacer frente al altísimo aumento de los precios de los productos de primera necesidad y al constante incremento de los costes de la vivienda, así como la consiguiente proliferación de desahucios entre quienes ya no pueden hacer frente a las hipotecas y los alquileres, que están por las nubes. Todos estos elementos son parte del conflicto de clases en Europa.
 
El tímido intento del Gobierno del Estado español de tomar medidas correctivas, tras el enorme levantamiento popular que rechazó el desahucio de una anciana de la vivienda en la que llevaba muchos años viviendo, ha provocado la inmediata reacción de la derecha, desde la denominada moderada hasta la más extrema, que ha echado por tierra incluso una medida tímida e insuficiente, reafirmando así su misión: la defensa de los intereses de la burguesía, de las grandes multinacionales inmobiliarias y de los grupos especulativos.
 
La lucha por el derecho a la vivienda en España, la lucha de los estudiantes franceses por el derecho a una educación de calidad para todos, las luchas contra los despidos y la transformación de las fábricas en plantas de armas y muerte en Alemania e Italia, el rechazo al servicio militar por parte de los jóvenes europeos, las huelgas unificadas de los estibadores del Mediterráneo para impedir el transporte y el tráfico de armas, son, sin embargo, señales importantes de un resurgimiento generalizado del conflicto entre el trabajo y el capital que debe apoyarse en todos los países aplicando los principios de la solidaridad internacionalista, estableciendo vínculos entre las luchas de los distintos países, contribuyendo a la difusión de la contrainformación sobre las luchas en curso, manteniendo abiertos los espacios de democracia y de conflicto de clases y defendiendo a quienes luchan contra la represión.

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