Las plazas de Francia, Italia, España, Bélgica, Grecia y Portugal comparten todas el mismo origen: la profunda —y quizá irreversible— crisis de la Unión Europea. En un intento por desempeñar un papel en la competencia interimperialista, en primer lugar, y por liberarse del yugo de Estados Unidos, en segundo lugar, los grandes estrategas de la Comisión Europea pensaron en construir su futuro sobre políticas de austeridad, privatizaciones y rearme, logrando primero que las formaciones fascistas, racistas y xenófobas crecieran desmesuradamente y, después, de un solo golpe, hacer estallar la revuelta en todos los principales países de la Unión e incluso en su ramificación albanesa.

 

Las decisiones económicas y estratégicas de la Unión Europea se han traducido en un enorme trasvase de recursos del bienestar social hacia la guerra y las finanzas, lo que ha supuesto un aumento desmesurado de sus beneficios.

 

La explosión de las calles europeas es, de manera palpable, la primera respuesta masiva a estas políticas que, con la complicidad de un panorama internacional cada vez más inclinado hacia la extensión y generalización de la «guerra por partes», han provocado un empobrecimiento masivo, la precariedad como único modelo laboral y existencial, la polarización social y unas desigualdades ya insostenibles, así como la proliferación de legislaciones represivas contra toda forma de conflicto social y de clase.

 

El resultado más evidente es una crisis de futuro que, sobre todo, las masas juveniles han percibido y rechazado con enormes movilizaciones masivas y con una determinación que ha sorprendido y tomado por sorpresa a las burguesías europeas, empeñadas en defender su poder, sus prerrogativas y privilegios de clase/casta, pero también a aquellas organizaciones sindicales y sociales encerradas en su castillo fortificado y ajenas a la comprensión de los fenómenos de masas que generan las políticas capitalistas de la Unión Europea.

 

Corresponde a los sindicatos de clase y de masas, organizados en el marco de la Federación Sindical Mundial, apoyar toda movilización, huelga o manifestación que tenga como objetivo fundamental el modelo social que proponen la Unión Europea y las burguesías europeas.

 

Luchar contra la guerra y las servidumbres militares, contra la militarización de la sociedad, contra las desigualdades y la precariedad, contra el empobrecimiento masivo y contra el robo del futuro a las nuevas generaciones forma parte de nuestras tareas en nuestros países y en toda Europa.

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